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Hacemos una parada en nuestra actividad diaria , respiramos y nos relajamos para disfrutar observando la belleza de una media verónica del maestro Rafael de Paula.

Podemos apreciar el momento infinito que tarda en pasar el toro, repetir mentalmente el suave movimiento de todas las partes del cuerpo pies, manos, muñecas el giro del tronco que junto el vuelo de la capa como un parte más del cuerpo crean una estatua de belleza acompasada.

Cerramos los ojos y repetimos moviendo las muñecas la secuencia que acabamos de ver , imitando y sintiendo la sensación de ese acompasado. Nos sentimos toreros y damos gracias por saber apreciar esta locura.

“En cada lance de capa hay que dejarse allí el alma. Hacerlo con alma, con todo el sentimiento. Y que dé tiempo a soñar mientras vas haciendo pasar al toro”

Paula describía así como entiende  un pase a la Verónica:

«En mi concepto de la verónica, yo le doy enorme importancia a cómo se coge el capote es importante saber cómo deben colocarse las manos sobre la tela. En cualquier caso es una tela que hay que acariciar, al mismo tiempo que se acaricia la embestida del toro. Eso es para mí el toreo: algo que hay que intentar, aunque no siempre se logra. Para torear bien a la verónica, desde mi punto de vista deben conjugarse varios elementos imprescindibles: por un lado el temple; después, cargar la suerte , dar el medio pecho (no totalmente de frente), tener cintura y conjugar el movimiento de las muñecas y el juego de los brazos. La unión de todos estos conceptos, o virtudes, hace que el lance sea bello. Desde el cite, y una vez que el toro llega a jurisdicción del torero, el lance debe tener la misma profundidad en el remate»

Ahora el día va mejor