Seleccionar página

Fortes guarda silencio antes de responder. Sus contestaciones parecen medidas pero sus explicaciones son detalladas. Quiere que se le comprenda aunque acepta que su pensamiento es complejo. Su toreo también es así: pausado, intenso, puro.
El Domingo de Ramos cortó una oreja a un toro de Victorino Martín.En San Isidro el presidente de la birló de forma incomprensible. Fortes regresa con todas las ganas de redondear todo lo que se ha cantado y con toda la serenidad de su renovada mentalidad torera: «Estoy muy ilusionado. En gran parte por seguir alimentando la relación que Madrid y yo hemos creado. Quiero sumar a ese vínculo otra gran tarde, otra gran faena. Que por fin se culmine con un triunfo. Quiero devolver al aficionado la oreja que les quitó el presidente y la oreja que les quité yo al fallar con la espada en mi primera tarde».
Madrid respondió unánime a la verdad del malagueño, para el torero la clave se encontró en: «Poner alma, sentimiento y entrega a cada muletazo. Eso me hizo sentir lleno al salir de la plaza. Esas bases son fundamentales. Con distinto guión, porque cada tarde tiene el suyo, quiero que aparezcan de nuevo el domingo».
El impacto causado en las dos tardes fue como una revelación de toreo inesperada. Para Fortes no fue tan sorprendente porque fue el fruto de una evolución, de un trabajo previo, de una renovación: «Mi objetivo es que se cree el ambiente de un acontecimiento grande en cada faena». ¿Pero cuándo se originó esa búsqueda? «El cambio original llegó cuando cambié la forma de anunciarme en los carteles (de Jiménez Fortes a Fortes). Trato de ver el toreo como algo mucho más íntimo, espiritual, que va más allá de ser mi profesión y en el que doy prioridad a lo que siento. Tuve que olvidar la idea de querer ser figura del toreo a toda costa. Ahora estoy centrado en mi crecimiento artístico porque eso depende de uno nada más, no de los triunfos, ni de los empresarios, ni de otras circunstancias».
Ha entrado en ferias como Santander, Gijón o Bilbao pero se ha quedado fuera de los Sanfermines. El torero no es de piedra, pero intenta de abstraerse:»Ahora mismo trato de verlo con lejanía. Toda mi energía está centrada en crecer como torero. No quita que me lleve desilusiones, contaba con estar en Pamplona porque me apetecía mucho, pero sé que son plazas que están ahí y que llegará el momento en el que pueda expresarme en ellas. Mi ilusión está volcada en lo más inmediato: en los entrenamientos, en los tentaderos, en el crecimiento artístico, en lo que pueda ocurrir este domingo».
El domingo compartirá cartel con Álvaro Lorenzo, primer triunfador del año al cortar tres oreja el Domingo de Resurrección, y con Joaquín Galdós, el otro peruano que reclama su sitio. Además de en la terna joven, el interés también se centra en el regreso de Fermín Bohórquez con una corrida de toros par a lidia a pie muy entipada, muy murubeña como dicen los que sabes. Fortes fantasea con cuajar sus toros, especialmente con el capote: «Si pienso en Fermín Bohórquez pienso en la clase. Son animales que tienen talento a la hora de embestir. Sí, talento. Me refiero a la cadencia, al ritmo, al temple que requiere el toreo clásico. El toreo natural, que es con lo que sueño».

 

 

 

 

 

Torería: Un torero que reacciona con esta templanza a una cogida tremenda que puede costarle la vida , como va a perder los papeles ante una oreja no concedida ganada a ley y pedida de forma unánime.

El malagueño Saúl Jiménez Fortes arriesgó  lo indecible con un toro que fue un saco de problemas. Ni una sola ventaja. La firmeza habitual, y su lánguido desmayo, más conmovedores que nunca porque los pitones hacen  saltar chispas de los oros de la taleguilla azul. El toro no dejó de acostarse por las dos manos, remoloneó por sistema, estuvo a la defensiva hasta el final. Por eso, por el riesgo constante y por el ajuste tan impecable, la faena fue de una tensión muy particular.

En un solo terreno, entre rayas, donde el toro se lo pensó mucho y atacando cada vez que adivinaba un hueco. Se mascó la cornada. Escalofriantes reuniones. Faena de valor, pero también de poder. Ya sometido, el toro se defendió todavía más. Las balas pasaron silbando las sienes. Un trágala de verdad, no solo un alarde. La exposición, limpia y sin red. Un natural a pies juntos en medio de tanto vértigo fue la joya de la faena. Sin contar el broche, previo a la igualada, de tres bernadinas, las auténticas, del repertorio mexicano de Joaquín Bernadó. La suerte se ha ido banalizando. Fortes le devolvió su mejor sentido. Muletazos por alto, cambiados justo en la reunión, ligados los tres sin ceder y todavía mayor el ajuste que en todas las bazas anteriores.

La gente tardó un poquito en atender y subrayar tantos méritos. El frío y seco arrojo como sin pulso de Fortes hubo de romper esa distancia. Sin concesiones. Cuando se calentó, el ambiente creció de nivel porque se estaba pasando más miedo que en cualquiera de las cuatro corridas en puntas de lo que va de feria. Solo que la tensión, la manera de medir y apuntar el toro, se tradujo en demasiados tiempos muertos. Pródiga pero larga faena. Una estocada trasera o desprendida, Fortes no se animó a descabellar, un aviso de letales efectos. Casi una oreja. Un aclamada vuelta al ruedo.

GuardarGuardar

GuardarGuardar